sábado, marzo 27, 2010

Liderando el Futuro, construyendo el Presente





Me pidieron que me encargara de escribir sobre el Liderazgo emergente para el último número de la Revista Desafío y este fue mi artículo que recoge las ideas que he venido exponiendo en mis últimas columnas. Copio:

"Charles Handy en uno de sus mejores papers termina diciendo “Lo mejor del futuro es que podemos darle forma” y en esa capacidad de influir que el ser humano tiene y en la voluntad de querer usarla reside, a mi juicio, el poder del liderazgo.

Podemos hacer mejores organizaciones para un futuro que queremos mejor, desde nuestra vida de hoy, la única, por cierto, que tenemos. También podemos errar y retroceder a formas menos humanas, vivimos tiempos difíciles. Como en cada situación de la vida podemos irnos por un camino o por otro. Quiero hablar del camino que me gusta y no solo porque me gusta, sino porque creo que es el que llegará si permitimos salir lo mejor que el género humano tiene en su corazón.


Ese camino está caracterizado por 4 rasgos de un estilo que llamo ARIA, y lo llamo así por el acróstico de
  • Autenticidad
  • Responsabilidad
  • Innovación y
  • Amor
Suena musical: un liderazgo ARIA


La autenticidad
Escribí hace poco una columna que recogía una emocionante experiencia en la Patagonia chilena. Tomo unos párrafos de ella.

Era nuestra última excursión, habíamos pasado el lago Sarmiento, cóndores, águilas moras, ñandúes, guanacos, flamencos, liebres, caiquenes, caballos, estábamos en el trayecto a la entrada al Parque Nacional de Las Torres del Paine por la Laguna Amarga cuando Chechin, nuestro guia avisó al chofer que había visto una oveja tirada en el suelo.
· Da marcha atrás debe estar preñada y si se ha caído en el barro tal vez no pueda levantarse y muera.

El chofer obedeció, a unos 60 metros se veía una oveja inmóvil, yaciente como si estuviera muerta. Varios nos bajamos y subimos por la loma. La oveja estaba viva, estaba dilatada y desde su útero asomaban unas patas de cordero ensangrentadas. Efectivamente estaba sobre el barro y sin fuerzas. El parto se había detenido. Chechín palpó su vientre y dictaminó que venía mal y que de no ayudarla la oveja moriría. El corderito probablemente estaba muerto pero él debía salvar la vida de la oveja.
- Cuadro de texto: El Arte de Dirigir El Arte de Dirigir El Arte de Dirigir El Arte de Dirigir¿Y…? ¿Vas a hacerlo entonces? –preguntó una de las mujeres.
- Sí, tengo que hacerlo, pero no va a ser fácil ni agradable de ver será muy duro.
- Hazlo –dijeron las dos mujeres que decidieron quedarse –nosotras te ayudamos.

Yo me quedé con mi cámara en la mano para hacer estas fotos y dándome cuenta que fue una forma elegante de mostrarnos que eso era más relevante que cumplir los horarios y seguir un plan determinado. Las circunstancias eran más importantes que ese plan (que finalmente también se cumplió). Fue también una forma simple de enfrentarnos a nuestras propias decisiones y que si lo preferíamos podríamos alejarnos del conflicto y la dureza.

Poco a poco este observador fotógrafo que era yo se fue llenando de emociones, fue comprendiendo el significado, reconociendo la coherencia de ese hombre parco y profundo, con su defensa de la vida, del entorno, de sus creencias y la conexión con su rol en el mundo. Cada vez que lo recuerdo me brillan los ojos.

Aún antes de partir Chechín sacó a la oveja del barro la sentó sobre sus patas dobladas para que en cuanto recuperara las fuerzas pudiese levantarse. Hasta ese punto de cuidado y detalle.
Desde ese momento la altura de la humanidad de Chechín dio sentido a toda su exigencia. Nada otorga más seguimiento a un líder que la consistencia con aquello que dice creer.”

Nada produce mas seguimiento que la autenticidad y en este mundo de tantas máscaras, tenemos una sed profunda de lo auténtico, aunque esconda en su fondo dureza y esfuerzo. Incluso así.

La responsabilidad

Un segundo rasgo es el de la responsabilidad, tanto desde la perspectiva del dar cuenta de lo que hacemos, de cumplir con nuestros compromisos y hacernos cargo de lo que provocamos al decidir y actuar, como desde el punto de vista de transferir la responsabilidad.

Nos hablan de jóvenes que no dejan de ser adolescentes, de personas maduras que se niegan al esfuerzo ¿En qué momento confundimos el apoyo con el proteccionismo? No me imagino que podamos hacer los cambios que el futuro nos demandará desde la complacencia y la comodidad. Creo que desde la escuela temprana debemos regresar a una mayor exigencia, que los padres debemos volver a un mayor requerimiento de colaboración, disciplina y esfuerzo. Educar para la vida no es sinónimo de consentir.

Me gusta y sigo el pensamiento de Ronald Heifetz, que propone que en este mundo veloz, de incertidumbres y escenarios desconocidos, no se puede dirigir desde las respuestas fáciles. Lo que estamos viviendo nunca antes había sucedido. Lo que nuestra generación ha descubierto equivale a los avances de decenas de generaciones. Simplemente no podemos basar el liderazgo en la respuesta experta, sino en la responsabilidad de contener, adaptar, movilizar a que quienes forman el grupo (empresa, ciudad, sociedad) se hagan cargo respetando el marco valórico social.

No creo que perduren aquellos jefes que no deleguen, que no se centren en lo más estratégico y eso significa generar espacios de confianza donde ejercer la responsabilidad no esté consumido por el control. Jefes que sepan manejar lo complejo
Cuando Michel Chender hace la distinción entre complicado y complejo (Hacer una sopa es simple, basta con tener los ingredientes y la receta, y la podemos hacer. Hacer un cohete espacial es complicado, es un gran número de recetas que debemos cumplir estrictamente. En caso de error, podemos revisar las recetas y ver donde nos equivocamos. Cuadro de texto: El Arte de Dirigir El Arte de Dirigir El Arte de Dirigir El Arte de DirigirEn cambio, educar un niño es complejo, no hay recetas, el entorno cambia, todo afecta los resultados). Cuando, repito, hace esta observación está enmarcando un espacio similar al de Ronald Heifetz en su liderazgo sin respuestas fáciles.


La innovación

Y si no nos sirven las viejas prácticas para hacer frente a nuevas demandas el camino es innovar y eso significa atreverse. Muchas veces la innovación la asociamos a tecnología, a nuevas metodologías de trabajo y desde luego son sumamente útiles para lograr nuevas ideas, pero el principal requisito de la innovación es la disposición y ella depende en gran medida de las condiciones que permiten aceptar la posibilidad de equivocarnos.

No queda mucho espacio para los líderes castigadores que no acepten que el error es un camino para el aprendizaje y que sólo arriesgándonos a cometerlo podremos descubrir nuevas opciones. La innovación necesita de paciencia, de repetición, una vez más de esfuerzo.
Y sigue teniendo pleno sentido la distinción que Collins y Porras hicieron en su libro “Las empresas que perduran”. Uno de sus rasgos era la tolerancia al error, diferenciándolo de lo que llamaron “pecado”, es decir, cuando transgredimos valores del grupo.

Creo en líderes que sean flexibles con las equivocaciones en la práctica de lo que emprendemos, pero que sin embargo no permitan que se salten los valores que constituyen a los grupos, que les dan sentido e identidad, porque eso termina destruyendo la mística que les unía y con ella a los propios grupos.

La innovación surge en la curiosidad, en el juego, en la búsqueda, en la experimentación, pero tiene rigor, perseverancia y método. Requeriremos un liderazgo que promuevan escenarios con estos atributos.

El Amor

Pero si un rasgo me parece distintivo es el del amor. No es posible cambiar lo que no se ama, no creo que nos podamos adaptar auténticamente a lo que no llegamos a amar. No podemos sentir mística y compromiso con lo que no queremos.

Me imagino por encima de otras características a líderes que aman sus empresas, a la gente que trabajan con ellos, a sus ciudadanos, a sus países, al mundo en el que viven.

En este aspecto me declaro maturaniano, en el sentido en que Humberto Maturana considera que solamente son relaciones sociales aquellas que promueven la convivencia. Puede haber otras relaciones que se producen en el espacio social, pero si no las mueve el amor no son relaciones sociales.

Ya he recogido en otros escritos la frase de uno de nuestros compañeros de Desafío, Sergio Cardone, que lacónicamente en una de las reuniones de nuestro Grupo 6, dijo “O gestionamos por el amor o gestionamos por el miedo”. Así sencillamente.

Pues sí, yo creo que el liderazgo del siglo 21 será un liderazgo que movilizará por la adhesión a proyectos, a valores, a ideas y no por el miedo a amenazas inventadas o a represiones. Un liderazgo que genere convivencia en libertad y no temor y barreras.

Desde otra óptica el nueve veces doctor honoris causa Giovanni Sartori en su “La democracia en 30 lecciones” distingue entre pluralismo y multiculturalidad. Le cito textualmente: “El multiculturalismo va en sentido contrario (del pluralismo). En vez de promover una diversidad integrada, promueve una identidad separada de cada grupo y a menudo la crea, la inventa, la fomenta. El resultado es una sociedad de compartimentos estancos e incluso hostiles, cuyos grupos están mas identificados consigo mismos, y por tanto no tienen ni deseo, ni capacidad de integración”

En suma requerimos líderes amorosos que trabajen por la convivencia integrada como el estadio superior de vivir en humanidad (la coexistencia es una simple tregua). La sociedad chilena reconoce con su 81% de adhesión a la Presidenta Bachelet que estima y aprecia mas otras formas de conducir (y hago esta referencia local porque es en Chile donde escribo este artículo y será leído mayoritariamente por chilenos). Escuché en muchas ocasiones voces empastadas diciendo “los chilenos necesitamos figuras de autoridad que den un puñetazo en la mesa”.

Como español se mucho de puñetazos en la mesa y no creo en ellos. Me asustan, creo que sacan lo peor de nosotros y que el futuro nos pide lo mejor.

Si dejo volar mi imaginación puedo escuchar el ARIA de una opera feliz, que en suma significa liderar con mas emoción, porque aunque aspiremos a que suene como los ángeles, el liderazgo que viene requerirá, como el título del libro que el poeta español Blas de Otero escribió el año en que yo nací, de ángeles fieramente humanos."